Noche tranquila

Saluda al portero y coge el tercer ascensor, manías suyas. Con un poco de suerte conseguirá subir sola y no tendrá que desearle ‘buenos días’ a algún desconocido con el que tenga que compartir un incómodo silencio. Cruza la puerta y se apresura a picar el botón de ‘cerrar’, y respira cuando el aparato empieza a subir. Aún le quedan 6 plantas para hacer el último repaso y comprobar que no hay rastro de las lágrimas derramadas la noche anterior. Se mira al espejo satisfecha: parece que el corrector de ojeras ha hecho su función. ‘Clinc’, sexta planta. A disimular durante lo que queda de jornada laboral.

La puerta se abre a su paso y la cruza con determinación. Toda la seguridad que le sobra en el trabajo le falta en las 16 horas restantes del día. Saluda a todo el mundo, efusiva como es ella y con una amplia sonrisa en la cara. Quién diría que lo que la remueve por dentro es justo lo contrario. Se acomoda en su mesa de trabajo, pequeña pero confortable. En el despacho no hay quién la detenga, es una fiera indomable capaz de solucionar la crisis más complicada.

-“Son más de las 20h, ¿qué haces aún aquí? Venga va, currante, que hoy es viernes y vamos a tomar unas cañas. ¿Te apuntas? Esta semana te lo has ganado”

Ella busca en el archivo mental de excusas. Vamos a ver cuál elige hoy:

-“Me encantaría, hace mucho que no salgo con vosotros. Qué lástima que, precisamente hoy, tenga que quedarme con mi sobrina. Mi hermana y mi cuñado tienen entradas para ir al teatro y les prometí que estaría con ella toda la noche. A la próxima, ¿de acuerdo?”

Ella sabe tan bien como sus compañeros que no habrá ‘próxima’. Se espera pacientemente a que todos se hayan ido. Pone las gafas encima de la mesa y se coge la cara con las manos. Fija la mirada hacia no sabe dónde y, sin previo aviso, empiezan a brotarle las lágrimas. Mira el reloj y se apresura. No puede alargarse más, tiene que volver. No se atreve a mirar el teléfono, porque sabe que habrá mil llamadas y WhatsApps pendientes de respuesta.

Abre la cerradura del portal y, cabizbaja, empieza a subir los peldaños de la escalera. Sabe que la puerta estará abierta y que la estará esperando. Se miran fijamente y él, a pesar de todo, aún es capaz de aguantarle la mirada y sonreír. Le da un beso fugaz. Rutinario.

Deja el maletín en la mesa de la entrada y cuando llega a la habitación empieza a desnudarse. Ya no lo hace con la sensualidad con la que solía hacerlo, consciente que él estaría observándola esperando el momento oportuno para amarla. Lo hace apresuradamente, intentando acortar los segundos de dolor. Él sigue esperando pacientemente como hacía antes. Se acerca y le acaricia la espalda, con cuidado. Ella cierra los ojos, expectante. Él sólo se limita a besarle los moratones que pintan su espalda.

Parece que, al menos, esta noche será una noche tranquila.

maltrato

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La vida

La vida es ese padre que pasea a su bebé y se para en medio de la calle para acariciarle los mofletes, deteniéndose en sus marcados hocicos . Son esas amigas, compañeras y confidentes de toda la vida que se sientan en un banco hablando de todo y de nada a la vez. Es ese profesor que termina la jornada laboral y anda a duras penas mientras carga con los proyectos pendientes de corregir. Es esa joven que deambula sin rumbo sumida en sus pensamientos. Son esos desconocidos que aún no saben que, en un futuro no muy lejano, no podrán vivir el uno sin el otro. Es ese conductor novato que apoya el brazo en el reposacabezas del copiloto y da marcha atrás intentando controlar el juego entre embrague y acelerador. Es esa mujer entrada en años que se apoya en su bastón porque ya no puede hacerlo en su marido. Es ese niño a quién le ganan las ansias de correr y se encuentra con el brazo protector de su madre como si de un muro de acero se tratase.

La vida, al fin y al cabo, es el presente que olvidamos mientras intentamos planificar nuestro futuro. 

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Escriba

Todos tenemos la necesidad de escribir alguna vez en nuestras vidas. Y no, no me refiero a la escritura obligada para redactar una circular para tu escalera de vecinos o firmar alguna autorización. 

Es muy distinto, tanto como que lo que se plasma en cada palabra cuando escribimos de verdad es un pedacito de nosotros que está pidiendo a gritos salir de nuestro cuerpo. ¿Acaso no nos da un poco de miedo enfrentarnos a la hoja de papel en blanco? Quizás porque, a veces, también nos da pavor encararnos con nosotros mismos y analizar quién somos, qué pensamos y qué nos mueve.

En el mundo de la música valoramos los grandes compositores por mensajes potentes, letras que derrochan puro sentimiento y frases que sintetizan vivencias. Ellos se han atrevido a sentarse, cojer papel y bolígrafo y plasmar lo que la oralidad no les dejaba expresar. 

Así que, señoras y señores… Escriban. Y no lo hagan por mí, porque al fin y al cabo esto no es un ruego. Más bien es un empujoncito para que lo hagan por ustedes mismos. Si están tristes dejen que los puntos suspensivos cojan las riendas de su texto, si están contentos permitan que las exclamaciones exalten su estado de felicidad absoluta, si están desesperados dejen paso a los interrogantes para que ellos pongan de manifiesto las mil preguntas que tiene en la cabeza y no sabe contestar, … Haga lo que quiera, pero escriba.

  

Perdidos en una cápsula del tiempo

Las comparaciones siempre son odiosas, pero cuando juegas con la ventaja de que hay una generación que nunca ha consumido los libros de Elige tu Propia Aventura, es tu oportunidad de oro para conquistarlos y llevártelos a tu terreno. Este no es el caso de La Cápsula del Tiempo, de Miqui Otero, quién en un intento fallido de reinventarse deja al lector frío e incómodo delante de una historia larga sin demasiadas sorpresas.

La trama empieza en un 5 de enero de 2013. Hace 20 años que prometiste a un grupo de amigos que os reuniríais para desenterrar una cápsula del tiempo que escondisteis en un parque acuático que a día de hoy está abandonado. Con la meteorología en contra, cuadro monedas en el bolsillo y con la incertidumbre de saber dónde irás a parar, entras en el metro. La primera piedra en el camino te la encuentras en las vías, después de perder de vista a una chica que te ha dejado boquiabierto con su belleza. Detectas que hay un móvil en la vía del tren que podría ser suyo y tienes que elegir:

Si bajas a la zona de vías, pasa a la página 105

Si vuelves a tu banco y te sientas, pasa a la página 158

Teóricamente el lector tendría que sentirse protagonista durante todo el rato, teniendo la percepción de que quién está viviendo la experiencia es él. En este caso, el público femenino heterosexual no tiene ningún interés en intentar recuperar aquel móvil. ¿Con qué finalidad? ¿Realmente les apetece arriesgarse y jugarse la vida para intentar reencontrarse con ese volcán sexual? Supongo que cuando el autor, Miqui Otero, dice que cuando tú escribes estás hablando sobre tu mirada y, por tanto, el autor está ahí se refiere precisamente a esos detalles que, al final, acaban haciendo que el público se vea condicionado y tenga que tomar algunas de sus decisiones.

Es complicado valorar un libro con 37 finales distintos cuando, en la mayoría de casos, no te llegas a leer ni 5. Y no porque los otros desenlaces no puedan llegar al nivel de los que vas descubriendo, si no porque resulta muy pesado tener que volver atrás constantemente.

La búsqueda desesperada del momento en el cual el personaje principal, tú, tienes que reunirte con tus amigos para  recuperar la cápsula del tiempo, parece no llegar nunca. El lector se acaba preguntando si es él quien no sabe elegir bien las opciones que se le plantean a lo largo de la historia, si es una cuestión de fortuna o si bien no existe ningún final dónde conozcamos el contenido de la famosa cápsula. Es más, muchas veces estás tan ansioso por dejar atrás la escena que estás viviendo y centrarte en el tiempo que debe faltar para la cita con tus amigos, que tomas decisiones precipitadas para perder de vista unos personajes que se acaban convirtiendo en un estorbo.

Pese a eso, no se tiene que desmerecer a Miqui Otero. Un arquitecto de palabras y de historias que es capaz de relacionar distintos personajes y tramas en 384 páginas, haciendo que todas ellas tengan sentido (independientemente de que acaben gustando más o menos). Es admirable la valentía con la cual ha afrontado el reto de hacer la versión adulta de los libros de Elige tu Propia Aventura, y ha intentado organizar la locura que esto supone en un mapa urbano perfectamente detallado. Esto no pasa porque sí, y es que Otero “probé 1.000 inventos fallidos. Tuve un mural encima de la mesa del comedor durante muchos meses, llegando a vivir estados de euforia y miseria absoluta“.

La Cápsula del Tiempo es un libro pesado para los lectores que están acostumbrados a consumir novela tradicional. Tienes que saber controlar los impulsos y no caer en la tentación de cerrar el libro durante la lectura. Con esto no quiero decir que sea extremadamente extenso, si no que la voluntad de Otero de plantear múltiples situaciones y numerosas historias hace que cada una de ellas se alargue como si fuera un chicle. Seguramente habría estado más acertado si el objetivo de la obra nu hubiera estado el hecho de superar en número de finales al tradicional Elige tu Propia Aventura, si no centrarse en amenizar el contenido y evitar que el lector se aburriera intentando llegar sin éxito a una cápsula del tiempo inexistente.

 

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Datos de interés:

  • Título: La Cápsula del Tiempo
  • Autor: Miqui Otero
  • Editorial: Blackie Books
  • Número de páginas: 384
  • Precio: 21€
  • Ilustración: Jonathan Millán

Sunset

Creo que hay pocas cosas tan bonitas en la vida como una puesta de sol. Algo tan sencillo que es capaz de anularnos y hace que nos quedemos mirando al cielo embobados ante tal maravilla de la naturaleza. Reconozco que, en mi caso, el tema llega a ser un poco obsesivo. Cuando veo las obras de arte que se forman en el cielo durante el atardecer me falta tiempo para coger la cámara de fotos (o el móvil en el peor de los casos) e inmortalizar el momento. Muchos pueden pensar; “pero si siempre es lo mismo” pero, a mi parecer, la estampa siempre es distinta. Los entendidos pueden argumentar el por qué de las formas, colores, … que aparecen en una puesta de sol pero yo, como mera espectadora que desconoce estos aspectos técnicos, sólo me dedico a observar. Lo más asombroso de todo es que, transcurridos 2 minutos, el panorama puede cambiar drásticamente. Quiero compartir con vosotros algunas de las fotos que he hecho en los últimos meses y tenía guardadas en el ordenador (ya es hora de que vean la luz).

I think that in life there are few things as beautiful as a sunset. Something so simple that it is able to nullify us and makes us paralyze looking at the sky in a gaper. It is an authentic wonder of nature. I recognize that, in my case, the issue becomes a bit obsessive. When I see the pieces of art that are formed in the sky during a sunset I quickly take the camera (or mobile in the worst case) and immortalize the moment. Many people may think; “but… it’s always the same” but, in my opinion, the picture is always different. Understood people may argue why the shapes, colors, … appear during a sunset. In my case I’m a mere spectator that doesn’t know all these technical aspects, so I just watch what’s in front of me. The most amazing thing is that, after 2 minutes, the picture can drastically change. I want to show you some of the pictures I’ve taken in the last months, those that had been saved on my computer (and it’s and had saved on your computer (and it’s time that they can see the light).

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Puesta de sol desde mi habitación – Sunset from my bedroom

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Puesta de sol desde mi habitación – Sunset from my bedroom 

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Puesta de sol en Islandia – Iceland sunset

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Puesta de sol en Islandia – Iceland sunset 

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Puesta de sol en Islandia – Iceland sunset

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Puesta de sol en Islandia – Iceland sunset 

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Puesta de sol en Islandia – Iceland sunset

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Puesta de sol en el trayecto Islandia-Barcelona – Sunset during the travel Iceland-Barcelona

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Puesta de sol desde mi habitación – Sunset from my bedroom

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Puesta de sol en la Barceloneta (Barcelona) – Barceloneta (Barcelona) sunset

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Puesta de sol en Sabadell (Barcelona) – Sabadell (Barcelona) sunset

El delicado arte de mantener el equilibrio en el columpio, Emmanuelle Urien

Portada del libro

Portada del libro

Auténtico, próximo y femenino. Así es El delicado arte de mantener el equilibrio en un columpio de Emmanuelle Urien. La autora ha querido plasmar el enredo mental de pensamientos de Pauline, una mujer felizmente casada con tres hijos y un marido aparentemente perfecto que descubre que le ha puesto los cuernos con su mejor amiga. Cuando ésta es asesinada, la única opción que le queda a Pauline es acumular toda la rabia y focalizarla en su marido. Pauline intenta buscar el apoyo de su madre psicóloga, que la trata más como a una paciente que no como a su hija.  La protagonista busca desesperadamente un hombre para sustituir a su ex-marido y acaba topándose con Max, con el cual decide quedar y descubre que no es quién se imaginaba que era. En una lucha enconada con el que ella denomina ‘dolodio‘, Pauline intenta rehacer su vida auto-convenciéndose de que su marido está muerto, aunque la realidad la supera. La desesperación del marido infiel que Urien explica en la contraportadaportada del libro tarda en llegar y, en comparación, se conoce demasiado pronto. Puede ser que por ese motivo haya muchos momentos en los que los debates mentales de Pauline se alarguen más de la cuenta. Urien sabe plasmar el talante de una mujer recientemente abatida por la situación vivida y ayuda al lector a ponerse en la piel de Pauline. La descripción de situaciones cotidianas y sentimientos al alcance de todo el mundo contrastan con un final sorprendente y surrealista. El delicado arte de mantener el equilibrio en un columpio  es una novela para todo el mundo pero, especialmente, para aquellas mujeres de mediana edad que puedan llegarse a sentir identificadas con la situación de Pauline. Datos de interés: Título: El difícil arte de mantener el equilibrio en un columpio Autora: Emmanuelle Urien Editorial: Angle Editorial (Catalán) / Grijalbo (Castellano) Número de páginas: 187 Precio: 14’90€ Imagen de la portada: Stanilas Zygart

Mirada Perdida

Miras por la ventana y ves que está anocheciendo. Las nubes que aún se pueden apreciar debido a la luminosidad que reina en el cielo en esta época del año hacen que te des cuenta de que los segundos, minutos y horas van pasando a medida que lo hacen las nubes por delante de tus narices. Sigues mirando al horizonte sin pensar que estos instantes que estás malgastando sin hacer nada no volverán a tu vida para aprovecharlos de otro modo. ¿Y qué haces? Empiezas a observar cada detalle de lo que ves  a través de la ventana, pero sigues sin hacer nada productivo.

La fachada de los pisos de nueva construcción que hicieron hace cinco años está sucia. ¿Es cal aquello que hay en la parte superior derecha? Hay que ver, con lo bonita y cuidada que está mi fachada, y eso que es 19 años más vieja que la otra. ¿Y la pared de aquella acera? No me digas que no te has fijado en aquella pared. Los graffitis hacen que confundas el color original que cubría la superficie con la actual. ¿Era ocre? Puede ser…

Sigues observando cada detalle de los que tu ventana te permite ver del exterior. Al fin y al cabo, esto es lo único que puedes contemplar más allá de lo que hay dentro de tu casa. ¡Mira la vecina! Ya ha ido a buscar a su hija, vienen de la academia de inglés. La pequeña sonríe, qué monada. Míralas, ahora entrarán en el portal. Vaya, las he perdido de vista. ¡Mira a quién tenemos aquí ahora! El hermano de mi ex compañero de clase paseando al perro. Qué pereza, con lo bien que se está en casa, ahora tiene que salir para que al perro le de el aire. Es más cómodo tener un hámster, seguro. Uy, parece que está más oscuro ahora. Mira tú por donde, la farola se acaba de encender. ¿Cómo? ¿La farola? ¿Pero qué hora debe ser? ¿Las nueve y media? ¿De verdad? Qué rápido pasa el tiempo cuando haces algo y no haces nada a la vez.